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Cuando las aves playeras entraron al aula

En Guatemala, una caja de herramientas andragógicas sobre aves playeras y migratorias está ayudando a formar a futuros profesionales desde el aula hasta el estero y las camaroneras.

Por Andrea Moreno, Fundación Defensores de la Naturaleza y Varinia Sagastume, Enlace técnico AvBio.

MSP+ Ciencia para la acción 2025-2026

El reto no es únicamente hablar de aves playeras. Es transformar la forma en que entendemos a las empresas camaroneras, no solo como espacios de producción, sino también como paisajes compartidos donde la biodiversidad puede encontrar alimento, descanso y refugio.

Las aves playeras dependen de ecosistemas costeros cada vez más presionados por la pérdida de hábitat, el cambio climático, la contaminación, las prácticas productivas poco sostenibles y una percepción equivocada, creer que representan una amenaza para la producción. Cambiar esa idea requiere algo más que datos, requiere una forma distinta de mirar, conversar y aprender.

Con esa intención, la Fundación Defensores de la Naturaleza, en el marco del proyecto Ciencia para la Acción financiado por el programa MSP+, diseñó una caja de herramientas andragógicas para acercar la información científica, visual y práctica a trabajadores, técnicos y tomadores de decisión de la industria camaronera en Guatemala. 

Pero una caja de herramientas bien pensada puede llegar más lejos de lo previsto.

Víctor Mendoza, ingeniero ambiental, docente de la Universidad Rafael Landívar (URL) y estudiante de la Maestría en Ciencias Marinas y Costeras del Centro de Estudios del Mar y Acuicultura de la Universidad de San Carlos de Guatemala, conoció la caja mientras cursaba su maestría, durante una presentación realizada por Varinia Sagastume, coordinadora del programa Ciencia para la Acción en la Fundación. 

Cada semestre, en el curso de Oceanografía de la URL, trabaja con alrededor de 33 estudiantes de tercer año. En clase aborda biología marina, ecosistemas marino-costeros, impactos ambientales y biodiversidad. 

“La caja de herramientas encajó de manera natural porque permite conectar la teoría, la práctica y la realidad nacional” menciona Víctor. 

Esa conexión se materializa entre la costa guatemalteca, sus esteros, sus manglares, sus aves y sus camaroneras. Los videos ayudan a explicar el contexto; las guías permiten identificar especies; las infografías ordenan ideas complejas; y las hojas de registro convierten la observación en datos.

Víctor Mendoza, sostiene el cráneo de un pequeño delfín, encontrado durante una actividad limpieza de playa en Hawaii, Santa Rosa, Guatemala. El hallazgo permite comprender mejor la biodiversidad marina

Entre patas largas, picos curvos y plumajes discretos, las y los estudiantes comenzaron a usar los materiales para observar aves en la Costa Sur de Guatemala. Se organizan en grupos, revisan las guías, comparan siluetas, registran observaciones, hacen preguntas y aprenden haciendo. Así, la conservación deja de ser una explicación en pantalla y se convierte en una práctica en el territorio.

El cambio se hizo visible en una segunda visita de campo. Víctor explica que las y los estudiantes ya podían reconocer aves acuáticas y playeras. Podían hablar de nidos, hábitat, manejo y conservación con más seguridad. Ya no miraban una camaronera solo como infraestructura productiva, empezaban a verla como parte de un paisaje vivo.

Ese fue el momento más valioso para él, saber que sus estudiantes ya sabían de qué estaban hablando. También habían comprendido cómo las empresas camaroneras pueden adoptar buenas prácticas para evitar desplazar a las aves playeras de los espacios que necesitan para alimentarse, descansar o reproducirse.

Ese es el cambio más significativo de este proceso, una caja creada por una organización de conservación para sensibilizar al sector camaronero fue adoptada por la academia y empezó a formar criterio profesional. Lo que nació como una herramienta del programa MSP+ se convirtió en un recurso pedagógico para enseñar oceanografía, biodiversidad, ciencia ciudadana y convivencia entre producción y conservación.

Cuando una nueva generación aprende a mirar mejor la costa, también empieza a entenderla y cuidarla mejor.

El ejemplo de réplica de Víctor en la Universidad Rafael Landivar señala una posibilidad mucho más amplia. Cuando la ciencia se comunica con intención de cambiar percepciones y hábitos, puede habilitar nuevas preguntas, nuevas conversaciones y nuevas formas de entender los ecosistemas costeros; en la empresa, en la comunidad y también en una clase universitaria.

Conservar también implica aprender a leer un paisaje completo, el agua, el lodo, los muros de la piscina de una camaronera, los nidos, las rutas migratorias y las decisiones humanas que pueden proteger o alterar esos ciclos.